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7 signos de alarma conforme el síndrome de «quejarse tol rato» se ha apoderado de tí

¿Te ocurre a tí? ¿Tienes una compañera fiel? 

Cada mañana cuando suena el despertador, en un atasco de tráfico, en la cola del supermercado, cuando hay un inesperado cambio de planes. Durante la jornada laboral, cuando oímosla palabra crisis, cuando llega la factura de la tarjeta, cuando hablamos de nuestros padres, de nuestro jefe, del gobierno y de la oposición…

La queja es una compañera fiel que nos acompaña en un montón de situaciones. Todos la conocemos. Así poco a poco, nos apodera el síndrome de la queja.

¿Qué te aporta la queja?

Su primer efecto es agradable y de confort. Un momento en el que te permite evitar, solo temporalmente, enfrentarte a aquello que requiere una solución. Pero lamentablemente esta sensación agradable de consuelo desaparece rápidamente.

Seamos realistas, el homo sapiens, se convirtió en sapiens gracias a su capacidad para resolver problemas, contratiempos y conflictos para satisfacer sus necesidades.

¿Cuál es el coste de quejarse tanto?

Quejarse constantemente te deja sin posibilidades y recursos para lograr solucionar algo.

Cuando te quejas no mejoras  ninguna situación.

Al contrario, consigues generar más malestar y potenciar el conflicto a tu alrededor.

La crítica, sentirse molesto, alterarse y protestar generan tensión en tu cuerpo. La tensión se traduce a nivel fisiológico en la liberación de cortisol y adrenalina y un exceso de estas hormonas o una exposición contínua aunque sea de manera residual está implicada en la aparición de inumerables enfermedades como la diabetes y las enfermedades del corazón, entre otras muchas más.

¿De qué manera influye en tus relaciones?

Nadie dice que no puedas compartir lo que te molesta, o lo que no estas de acuerdo con los demás.

La idea es que utilizar la protesta y la crítica contínua es altamente perjudicial para tu salud, física y emocional y la de quienes te rodean!

Quizá lo más acertado que puedes hacer al respeto es ser consciente de cuanto te quejas y el efecto que tiene en tu vida. Para luego, intentar controlarlo y gestionarlo de manera más eficaz y menos dañina.

¿Cuáles són las consecuencias emocionales de esta actitud?

Vivir con una actitud de queja contínua resulta cómodo. En algunas ocasiones puede ser útil, cuando nos quejamos buscamos o nos gustaría que otros se encargaran de solucionar nuestro problema.

Así consigues incapacitarte. Nos quedamos estancados en el problema en vez de dirigirnos a construir una solución adecuada.

Y es que, poner nuestro foco de atención en lo negativo de una situación, en vez de contemplar otras alternativas, poco a poco va tejiendo un velo que nos inmuniza contra la responsabilidad.

Así, vamos delegando en los demás las causas y las consecuencias de nuestras emociones, acciones y conductas. Nos convertimos en víctimas de nuestra realidad. Quedamos a merced de nuestras circunstancias, deseos y expectativas. Y cuando éstas no se cumplen, aumentamos nuestra cosecha de malestar.

Si vives por y para la queja, no eres ajeno a la amargura.

Si aspiras a romper la influencia negativa, deberías empezar por abrir el campo de visión.

Ante cualquier contratiempo puedes optar por buscar culpables y caer en la trampa de la discusión. Pero también puedes tomar el espacio o tiempo necesario para transformar la queja, la crítica y el juciio en una propuesta constructiva.

Recuerda, igual No podemos cambiar nuestras circunstancias pero sí podemos cambiar nuestra manera de interpretarlas:

  • Empieza por valorar todo aquello que damos por sentado.
  • Empieza por agradecer, solo cuando eres capaz de agradecer empiezas a valorar lo que eres, lo que tienes y lo que haces.
  • Recuerda que todo aquello que dejas de valorar lo acabarás perdiendo.
  • No hay mejor antídoto contra la queja que el agradecimiento.

El agradecimiento y saber valorar todo lo que tenemos nos permite responder de manera más eficiente, responsable y consciente ante los retos y los imprevistos que surgen en nuestro día a día.

No lo olvides, nuestra capacidad de apreciar y valorar lo que sí forma parte de nuestra vida es infinita!

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