¿A quién le has dado permiso? ¿Quién manda en tu vida?

¿Quién controla tu vida? ¿te lo has planteado alguna vez?  ¿A quién dejas que decida por tí?

Tu depresión, el estrés de tu trabajo, el ganar más dinero, la hipoteca de la casa nueva, tus miedos, tus inseguridades, tu problema, tu manera de ser, tu pareja, tu madre, tus hijos…

Escúchate, mira a ver que argumentos das cuando te explicas los grandes acontecimientos de tu vida: ¿porque decidiste estudiar esto y no aquello, porque decidiste quedarte aquí y no marchar a conocer mundo, porque te casaste o porque no lo has hecho aún, porque has decidido no tener hijos o porque sí quieres tenerlos, porque aceptaste ese trabajo que no te gusta, porque compraste una casa más grande?… y podríamos seguir infinito…

Nuestro ahora, es el resultado de las experiencias que hemos vivido o mejor dicho, cómo las hemos interpretado y la actitud que hemos tomado frente a ellas. Actuamos y decidimos en base a lo que interpretamos y muchas veces tomamos esa decisión no nosotros mismos, sino nuestras circunstancias. De alguna manera no decidimos libremente, nos dejamos llevar por comodidad, por presión, por miedo, por ignorancia… y es otra persona, un aspecto de nosotros o nuestra circunstancia la que toma poder para decantar la balanza.

Muchas personas actúan así hasta que ocurre alguno de esos hechos que nos marcan para siempre, esos hechos de nuestra vida que nos dejan huella en nuestra mente y nuestro corazón. Cómo muchas veces ocurre no son los más agradables de nuestra vida una larga enfermedad, un accidente de tráfico, ser despedidos del trabajo, la ruptura de una relación sentimental, la traición de un amigo o la muerte de un ser querido.

De estas peores experiencias, las más difíciles de afrontar són las que más nos permiten evolucionar y madurar como personas.

Se dice que no hay mejor maestro que la adversidad.

Muchas veces, las experiencias de sufrimiento y dolor llevan a replantearse por completo la vida, a cambiar nuestra manera de ver y relacionarse con el mundo.

Por suerte, esto No es nada nuevo, este es un mensaje universal que se repite desde hace miles de años, los pioneros fueron los Estoicos, pero las personas tenemos un peculiar error en común: Nos olvidamos rápidamente de lo que deberíamos recordar siempre y somos víctimas de esta negligencia. Y nos conduce inevitablemente a la situación de que hasta que nuestras circunstancias no son las peores que podríamos soportar, no empezamos a atrevernos a reflexionar y a intentar algún cambio en nuestra forma de afrontar la vida y nuestra existencia en ella.

Por eso mi pregunta del principio: ¿A quién le has dado permiso para mandar en tu vida? No vale la pena, sí das permiso libremente adelante, pero no te dejes llevar y luego lo lamentes. Sólo tu tienes la responsabilidad de lo que decidas.
Si quieres ponerle solución yo te ayudo, 
consulta mis servicios.

Según la corriente griega del Estoicismo, la vida es una escuela y los seres humanos somos estudiantes que hemos venido a ella a aprender.

Maestro, ¿cuál es el secreto de tu serenidad? Entregarme incondicionalmente a lo inevitable (Pensamiento estoico)

 

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